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jueves, 5 de febrero de 2026

Leyendas de Granada. Llueve más que cuando enterraron a Zafra.

Portada de la Casa de D. Hernando de  Zafra


Estimado lector; En estos primeros días de Febrero del año 2026, cuando la borrasca Leonardo se aleja y aparece en el horizonte otra nueva borrasca, y cuando vemos en la televisión como el río Genil casi se desborda a su paso por Granada, no deja de venir a mi cabeza aquel célebre dicho que decía "Llueve más que cuando enterraron a Zafra", así que este es un buen momento para recordar esta vieja historia del libro de tradiciones de nuestra querida Granada. 

Esta es una historia que se ha ido pasando por los granadinos de boca en boca, así hasta llegar a nuestros días y empieza hace ya muchos años cuando paseaba por nuestras calles un señor llamado D. César de Zafra que era descendiente de D. Hernando de Zafra, señor de la casa de Castril y secretario de la Reina Isabel la Católica. 

D. César tenía un hijo de nombre Alfonso, galán, rondador, el mancebo más gallardo que paseaba por las calles del Albayzín. Tenía voz de jilguero, punteaba como nadie las cuerdas de una vihuela y por supuesto que se guardase nadie de mirarlo pues era el más diestro espadachín en diez leguas a la redonda en el arte de manejar una tizona. Llevaba ropilla de terciopelo azul, blanca pluma en el sombrero, y era  jinete de un precioso su caballo negro. 

Por las noches D. Alfonso iba a darle serenatas a la señora de su corazón. Las doncellas morían por amor y a los mozos les consumía la envidia. 

Estando D. César fuera de la patria, D. Alfonso había puesto sus ojos en una gitanilla llamada Azucena que vivía con su madre de unos cincuenta años de edad, en un pequeño jardín a espaldas de la casa de D. César, lugar en el que plantaban flores y hortalizas que posteriormente vendían en el mercado, con esto y cierta actividad curandera con platas y medicinas para curar los males que los doctores no podían iban tirando madre e hija. 


D. Alfonso pues enamorado estaba de Azucena, la cual se resistió mucho a darle el visto bueno, pues presentía que un galán de aquel porte no se iba a acercar a ella con buenas intenciones. Azucena era gitana y con toda su honra vigente, pese a los numerosos pretendientes que había tenido. Sin embargo llegó Alfonso y al tiempo y por la insistencia de él, empezaron una relación y  llegaron a quererse y a no poder vivir el uno sin el otro. 

Casa de Castril. Carrera del Darro. 


Eran D. Alfonso y Azucena el hombre y la mujer más felices del universo en su amor, que quiso el destino que cierta noche, mientras pelaban la "pava" en la reja de la casa,  fueran los enamorados descubiertos por un galán desdeñado. A los pocos días, la historia de amor de nuestros protagonistas era de lo único que se hablaba en toda la ciudad. 

Pasaron los días, y  D. Alfonso no  acudía a la reja de la ventana pero también de forma imprevista  el agua dejó de llegar a la casa de la gitana y a su   jardín y dejó de  regar flores y hortalizas que día a día se marchitaban. Azucena sufría con grandes suspiros por su amor, y la madre viéndolas venir, decidió ni más ni menos que plantarse en casa de D. César y averiguar que estaba pasando. 

D. Alfonso estaba encerrado en una torre de la Alhambra por decisión de su padre, la madre de Azucena, a  D. César le pedía que volviera el agua al jardín para que pudiera regar sus plantas, D. César no quería, pero era supersticioso y pensaba que una maldición gitana le podía caer, sin embargo le respondió que en su casa también había sequía de agua, que no corrían ni por sus fuentes ni sus pilares. La Gitana que sabía que todo eso era mentira no tuvo más remedio que irse, no si antes desearle a D. César tal cantidad de agua que muriera enterrado en ella. 

La cuestión es que con maldición o sin maldición D. César cayó enfermo y murió al poco tiempo en menos de lo que canta un gallo. Se colocó el velatorio en la sala principal de su casa, vestido de negro con doce cirios ardiendo alrededor del ataúd. 

A las once de aquel día empezó el cielo a teñirse de oscuro y unos grandes nubarrones cubrieron toda la ciudad de Granada, a la hora del atardecer un furioso huracán despertó arrancando de cuajo árboles centenarios, los truenos sonaros, los rayos cayeron y empezó a caer el mayor de los aguaceros que se recuerdan en Granada. El río Darro empezó a crecer y a crecer hasta salirse de su cauce e inundar toda la ciudad de Granada, sus calles y sus plazas. 

Río Darro a su paso por Granada


El agua entró en la casa de D. César, apagó todas las luces y sacó a flote el ataúd con el difunto dentro, que arrastrado fue por la corriente hacia la Vega de Granada, sin que hasta la fecha se sepa cual fue su paradero.  

Libre D. Alfonso y dueño de su voluntad, no esperó al año de luto y en busca de Azucena fue para pedirle feliz matrimonio, casándose pues al poco tiempo y abandonando la ciudad hacia posesiones que tenían en el campo.

Esta es la historia leyenda del entierro de Zafra basada en "Tradiciones Granadinas" de José J. Soler de la Fuente. 

Decir que como toda leyenda, hay varias versiones circulando en diferentes publicaciones tanto antiguas en formato papel, como más modernas en digital, en ellas, la Maldición cae sobre el mismo Hernando de Zafra, que es el que corta el agua y el que recibe la maldición. Pero lo que no cambia ni en una ni en otra versión es que el diluvio que cayó aquel día fue universal y que arrastró el ataúd de nuestro desdichado protagonista río abajo para no ser encontrado nunca jamás. 

Desde entonces y por eso siempre en Granada se ha dicho y se dice: "Llueve más que el día que enterraron a Zafra".  

Reventón del río Darro en Puerta Real. 




jueves, 4 de noviembre de 2021

Sucedió en Granada. El duende del río Darro. Julio de 1935

 

Inicio del Embovedado del Río Darro junto a la Plaza de Santa Ana. 
Desde aquí se oyeron los primeros gemidos y lamentos. 

En este apartado de sucesos ocurridos en Granada a lo largo de su historia, hoy nos vamos a detener en el verano del año 1935, y vamos a asistir a un episodio sacado de los míticos programas del Dr. Jiménez del Oso o de cuarto milenio para aquellos de más corta edad. Me refiere a la aparición de un Duende en el embovedado del río Darro, no sólo es un hecho que ocurriera en nuestra ciudad, sino que ya había habido desde el año 1934 varios avistamientos de este curioso “ente” en otras ciudades de España, empezando por Zaragoza y pasando por Toledo. Afortunadamente para nosotros la prensa local de la época, así como el magazine “Mundo Gráfico”, nos dejaron un ilustrado y pormenorizado relato de la acaecido en aquellas calurosas noches del verano granadino.


Portada del Mundo Gráfico con la noticia. 
Fuente. Biblioteca Nacional de España. 



El Defensor de Granada escribía para sus lectores en el martes 23 de Julio de 1935 que:

Un clérigo que habita una casa bajo la silueta conventual, de campanario estrecho y largo, de la Iglesia de Santa Ana, salió con alarma de sotanas alzadas, gritando la alarma por un ventanuco de su alcoba.

-¡Un demonio, un demonio!

Cundió el revuelo en la calentura de los camastros en aquellas horas. Y de las casas, estas casas que se asoman al Darro como imágenes eternamente contemplativas de sus sabores legendarios, salieron con prisa sintética de vestido unas comadres espantadas:

-Pero padre ¿qué pasa?

-¡Un demonio, hijas, un demonio ! Acabo de verlo. Lleva un traje blanco y chilla como un niño.

  • ¡ Dios santo!¿Será un alma en pena, padre?

  • -¡ Un alma en pena!, ¡un alma en pena!, Dios te salve María, llena eres de gracia....

El clérigo discurría sobre un rosario y acalló con un crucifijo los temores que le alzaron la sotana. Pero las comadres pusieron mecha al pánico, y el episodio demoníaco corrió por todo el cauce, levantando a todos los vecinos.

Poco después la Carrera del Darro se hallaba llena de trasnochadores sin emociones de juerga, de guitarristas en paro, de choferes nocturnos y de serenos del distrito. Acudieron los de Asalto. El negro cauce del río se abrió a la investigatoria de las linternas policiacas.

-Pues no se ve nada...Una falsa alarma. Nada, Nos vamos...Pero cuando los de asalto iniciaban el abandono, una voz infantil surgió del cauce, transformada en un lamento amplio y terrible. Entonces el miedo apabulló a los curiosos. Y, de repente, los que allí vigilaban las sombras del río pudieron ver que de una piedra se alzaba algo parecido a un reptil que llevaba una especie de sábana blanca, que comenzó a saltar como un gamo y que desapareció entre gritos de niño caprichoso por una higuera silvestre de las que allí nacen.

Los guardias no tuvieron tiempo de nada. La aparición del duende puso carne de gallina a sus espectadores circunstanciales. Se descendió al río. Nada. Se registró a la luz de las linternas. Nada. Se amenazó al demonio llorón con abrirle la cabeza a balazos. Nada. Y este silencio, que penetró en la epidermis de todos con un terror trágico, se tomó como aviso prudente para dejar al diablo con sus lamentos y su camina de noche.

¿Será, en efecto un duende más? ¿Tendrá Granada un auténtico demonio que se baña en el Darro y que se baña de Madrugada?

-¿Usted cree en esta aparición del fantasma'-le hemos preguntado a una vecina oronda de las orillas del Darro.

-Mirosté. No hay más que un fantasma hoy por hoy. Y este fantasma es el hambre. Por mi salud que es así.

Pero acaso esta vecina sea demasiado materialista. Sin embargo esta otra, que frecuenta los cuentos de Calleja nos ha respondido de este modo folletinesco.

-¿No le parece a usted de que esto de que el duende llore hay que pensarlo mucho? A lo mejor una es muy mal pensá. Pero como hay tantas madres tan malas. ¡Quién sabe si es el alma de un niño enterrado en vida para ocultar la deshonra de una infame!

Historias así se han contado muchas después de las veinticuatro horas del suceso duentístico. Hasta se ha dicho que por el río corre un cocodrilo traído por algún abisinio desertor.



Leyendo estas líneas imaginamos que la noche estuvo movidita en la zona baja del Albayzín y aledaños de Plaza Nueva, no sólo decenas de vecinos se desvelaron ante el griterío y el follón provocado por el sacerdote, sino que Guardia Civil y Guardia de asalto tuvieron que intervenir, con linternas fueron recorriendo cada uno de los rincones del barrio en busca del origen de tan siniestros gritos sin que se tuviera éxito en dicha empresa.


También se pensó que pudiera ser un perro de los que vivían allí, aunque aquello era más bien gatolandia, un gorila que se había escapado de una caseta de feria del Corpus granadino, incluso se hablaba de una figura vestida de blanco parecida a un fantasma.


Postal del Río Darro. 



El Duende obviamente dio para mucho, curiosa es la pequeña nota de prensa, en la que se dice que el duende es buen aficionado a beber rica y fresca sangría que se exhibe en el almacén de vinos y comestibles “El Anticuario”, en la Carrera del Darro número 23 y cuyo dueño D. Germán Fajardo ha montado un negocio de vinos, refrescos y licores.


Pero sus apariciones siguieron día tras día, que si un lagarto con joroba, que si un demonio jiboso, que jorobado, las afirmaciones de los vecinos de la época y que vivían en las casas más cercanas al embovedado son de lo más divertido, sacadas de la mejor novela de Bran Stoker, cuando uno de los vecinos hasta con una estaca de madera pasa la noche. Hasta un grupo de mozalbetes se han preparado y armado hasta los dientes para poder atraparlo y encerrarlo en una jaula, para después llevarlo de feria en feria.


Pero no sólo el Defensor de Granada dio rienda suelta a la noticia, la prensa nacional se hizo eco de la noticia, aunque fue el magazine Mundo Gráfico el que dedicó todo un reportaje con texto de José Cirré Jiménez y fotos de Torres Molina. Ejemplar que al igual que el Defensor de Granada u otros diarios podemos encontrar fácilmente en hemerotecas digitales y de forma gratuita.


Fotografía de Torres Molina incluida en el 
reportaje de Mundo Gráfico. 
Fuente: Biblioteca Nacional de España

El duende estuvo varios días más incluso meses en la prensa local y nacional hasta que poco a poco su historia se fue diluyendo, eran meses convulsos y España tenía otros problemas que solventar, finalmente la noticia se convirtió en historia y la historia en leyenda que he tenido a bien recordar a mis queridos lectores.


Bibliografía usada:

Curiosidades granadinas; César Girón 2007

Revista Alhóndiga nº 25. Marzo-Abril 2021

El defensor de Granada. 23 de Julio de 1935

Mundo Gráfico. 31 de Julio de 1935


martes, 4 de mayo de 2021

Puente- acueducto del Hornillo o de la Cruz Torneada.



En esta ocasión vamos a hablar de un pequeño puente y acueducto al mismo tiempo, que muy pocos granadinos conocen, y que sin embargo lleva con nosotros muchos siglos, se trata del Puente o acueducto del Hornillo o de la Cruz Torneada. 


El origen de este elemento arquitectónico, lo vamos a buscar en la Acequia de Axares, una de las conducciones de agua que los musulmanes construyeron  para abastecer de agua a la ciudad de Granada, junto con otras acequias como la de Aynadamar, Romayla, Gorda o Cadí. En este caso la acequia de Axares coge sus aguas del Río Darro a la altura del Barranco de Teatino y desde ahí y por el margen derecho del Darro, bajando el camino de Beas y posteriormente el Camino del Sacromonte entra en la ciudad de Granada por las escuelas del Ave María. 





En ese recorrido son muchos los obstáculos que debe de ir salvando, en especial los barrancos y desniveles que hay, para lo cual seis puentes ayudan en ese cometido, entre ellos al que hoy le voy a dedicar unas líneas, el Puente del Hornillo, situado en el Barranco del mismo nombre. 


El profesor García Pulido nos lo describe así:

"Da paso a la acequia de la ciudad, en el camino de Beas, antes de que llegue al partidor donde se bifurca. Está sobre el barranco del Hornillo y su fábrica es antigua. Se compone de un arco de medio punto que tiene inscrito otro, mediando entre las dos cimbras metro y medio de luz; la del principal es de 3,75 metros y 14 próximamente su altura; el calzamento de los pilares de piedra franca, y el resto de la obra de ladrillo. Acueducto y viaducto, lo cruza el camino de Beas, perjudicando notablemente la tapa de la acequia que toma el pavimento. Hace cuarenta años existió junto a este puente un arrabal bastante populoso llamado del Hornillo y cuyos habitantes vivían en cuevas que aún existen, hubo una ermita en la que se celebraba misa los días festivos. "





Estudiando las fuentes antiguas, Juan Velázquez de Echevarría ya menciona el Puente y Acueducto en sus paseos por Granada.


“Forastero. Demos por aquí una buelta, y subamos algunos passos, descubriremos de alto estas cañadas. Famoso Arco. Aquella es obra muy antigua, aquella es obra amigo. Es de Romanos, y con la singularidad y la gallardía, de tener el arco principal sobre si otra orden de arcos pequeños.

Granadino: En todas estas cañadas ay arcos de essa misma obra su destino es llevar el agua de un cerro a otro. Son antiquísimos y muy fuertes, su duración lo da a entender. Estos de este lado están sin uso , otros que ay a la parte Norte de esos mismos cerros , que aun tienen sus cañerías , y alguna agua va por ellos.

El puente que observamos es de corte musulmán, con gran cantidad de reparaciones ya de época cristiana aunque manteniendo su estética medieval.  





No debemos confundir el puente-acueducto del Hornillo junto al Río Darro con el acueducto de las fuentes de Valparaíso, también en la zona del Barranco del Hornillo y que fue una canalización de agua del siglo XVI, realizada por Diego de Siloé, Julián de Almagro y Jerónimo García, para llevar agua al Albayzín, por la falta de caudal de la acequia de Aynadamar, sin embargo con el tiempo, estas fuentes se fueron secando, mientras que la de Aynadamar duró hasta bien entrado el siglo XX. 

Para poder ver este puente, desde el camino de Beas, y una vez en el Barranco del Hornillo, junto al Carmen de la Cruz Torneada, y la cueva de la acequia romana, vemos a nuestra derecha si dirigimos la vista hacia Beas, un pequeño sendero que baja hacia el río, una vez tomado y llegados abajo, en vez de cruzar el río Darro, nos revolvemos a nuestra Izquierda y subimos el barranco hasta que a los pocos metros damos de lleno con el Puente. Este camino junto con el puente que cruza el río Darro ya camino de Jesús del Valle son los dos únicos puntos que nos permiten acceder al Río Darro desde que hemos salido de Granada a la altura del puente del Aljibillo, el resto del recorrido del río, están intransitable, o bien vallado por fincas privadas. 

Junto al puente encontramos un poco antes, restos de otro estribo o arranque de otro puente que hubo, sin saber si fué anterior o posterior, además de una gran cantidad de sillares que hay tirados por el cauce del Barranco y del mismo río Darro. En el lugar se le conoce como puente romano, pero no hay al menos físicamente ningún indicio que nos haga entender que este puente sea Romano, aunque sí hay varias teorías que vienen a decir que hubo una conducción de agua desde la Presa del Rey hasta el Albayzín, para proporcionar agua al antiguo oppidum íbero, y nuevo municipium iliberritano florentinum. Una conducción de 8 km de largo y con un desnivel desde los 838 metros hasta los 770 metros. 


Antiguo Estribo

Sillares

Sillares

Sillares


En la zona superior del puente, y desde la misma carretera del camino de Beas, se aprecia con total claridad, una compuerta de control de caudal de la acequia de Axares. 


Acequia de Axares, desde la parte superior del puente



Un lugar muy curioso y como bien dije un tanto desconocido que espero haya despertado vuestra curiosidad. 


Gracias a D. Eduardo Prados Cervilla, por la documental facilitada y por animarme a escribir esta pequeña entrada. 

sábado, 9 de mayo de 2020

Ocurrió en Granada. Un atraco de película. Diciembre 1934.

Portada del diario Ideal del día 5 de Diciembre de 1934



Aunque parezca mentira en el año 1934 tuvo lugar en Granada un atraco digno de llevarse a una gran película, al más puro estilo de los años dorados de Hollywood, a través de estas líneas vamos a desgranar qué ocurrió en aquel frío mes de Diciembre del año 1934.

En el año 1934 un grupo de malhechores planearon en Granada todo un robo a gran escala. El objetivo era la joyería la Purísima situada en los números 19 y 21 de la calle Reyes Católicos y que por aquellos años, estaba regentada por los hermanos Manuel y José López Fernández-Secano, curiosos hermanos a los que se les apodaba “el tranvía y la jardinera”, pues cuando cerraban el negocio volvía a casa una detrás del otro separados por unos metros.

Publicidad joyería La Purísima


La banda estaba capitaneada por un pistolero malagueño que vestía de forma elegante, se alojaba en los mejores hoteles de la ciudad y conducía un coche Buick de 1932, quizás y por analogía nos recuerda a personajes modernos de series y películas dónde los malos de las películas son amantes del buen gusto y del lujo. Se hacía acompañar entre otros por dos criminales granadinos.

Todo un lujo de coche en aquellos años. 


Lo que nunca pudo imaginar que se cruzaría en su camino el inspector general de policía Vicente Santiago que por un chivatazo en la Oficina de Información y enlace de la Dirección General de Seguridad tuvo conocimiento del plan y se desplazó a la ciudad de Granada junto con el sargento Izquierdo Portocarrero un 23 de Noviembre del año 1934.
Según el diario el Defensor de Granada, fue el guardia de seguridad de la joyería quién observó un pequeño agujero en el sótano de la joyería que daba con el túnel efectuado y el que interpuso la denuncia en comisaría ante el sargento Izquierdo.
La investigación dio pronto sus frutos y esa misma noche con grandes linternas accedieron al interior del embovedado por el puente de Castañeda, en el interior ya se observó en un primer momento huellas de hasta tres intentos de perforación en diferentes lugares hasta que al final se dió con el gran butrón que habían realizado los ladrones, se accedía desde el colector de alcantarillado de la calle Príncipe y llegaba al sótano de la misma Joyería. Además se encontraron huellas por el cauce arenoso del río e indicios de intentos de robo en otras joyerías y hasta en el mismo Banco Español de Crédito.
Cabe resaltar para aquellos que no son granadinos, que la calle Reyes Católicos está construida sobre el embovedado del Río Darro que la atraviesa bajo ella, si bien no está permitida la entrada el embovedado es transitable desde Plaza Nueva hasta la desembocadura del Río Darro en el Genil junto al Puente Romano.

Acceso al embovedado desde Plaza Nueva en la actualidad. 


El túnel más grande y avanzado era el que llegaba a la joyería la Purísima tenía una altura de un metro y una anchura de 80 centímetros, una vez avisados los dueños de la Joyería se pudo comprobar que los ladrones ya habían conseguido acceder al sótano de la joyería, sin embargo los ladrones al encontrar una caja fuerte, decidieron posponer el robo hasta dar con los materiales necesarios y suficientes para poder reventarla. En esa caja fuerte se guardarían todas las joyas y alhajas de gran valor. También a través de ese agujero realizado los ladrones observaron al vigilante del establecimiento D. Antonio Cobos que de hora en hora hacía ronda por el establecimiento.
Tras el hallazgo la Policía montó un dispositivo de vigilancia para coger a los ladrones “in fraganti”, sin embargo no dio su fruto, seguramente porque los ladrones de alguna manera sospecharon o se enteraron de que habían sido cazados.

Una de las muchas aberturas abiertas hoy en día dentro del
embovedado del Darro. Foto Mª José Martín. 


Poco a poco la investigación fue dando sus frutos, uno de los granadinos integrantes de la banda, estaba ya en prisión por un delito de robo a mano armada, otro conocido como “el señorito”, huyó y nunca más se supo de él. El líder el malagueño reseñado al principio del relato también se hacía acompañar de un Barcelonés y un Sevillano, la banda fue bautizada con el nombre de “los guapos” e incluso un periódico local los denominó “los dandis del butrón”. Poco les faltó para acometer el que hubiera sido el atraco del siglo en Granada.

Títular en el diario el Defensor de Granada de fecha 5 de Diciembre de 1934


Famosa fue la foto de Torres Molina en el interior del embovedado dónde se aprecia claramente el túnel efectuado.

BIBLIOGRAFÍA USADA:

Curiosidades Granadinas. César Girón 2007.
Diario el Defensor de Granada de 5 de Diciembre de 1934.
Diario Ideal de 5 de Diciembre de 1934.
La Calle Reyes Católicos de Granada. Julio Belza.

domingo, 13 de mayo de 2018

La presa del Rey.


Presa del Rey. 


No se puede concebir la Alhambra sin el agua, y ese agua llegaba al recinto nazarí a través de una acequia conocida como Acequia Real o Acequia del Rey, aunque incluso los más atrevidos la seguían llamando en época cristiana Acequia del Sultán. 

Pero esa acequia necesitaba de un punto de origen un punto de partida, nos referimos a la Presa del Rey, el lugar en el que el río Darro era sangrado para tomar sus aguas y desviarlas hacia la Alhambra y el Generalife, aunque dichas aguas no acababan aquí su curso, sino que bajaban a la ciudad, principalmente a los barrios del Realejo, Antequeruela y Churra. 

La presa del Rey se encuentra río Darro arriba, en el llamado camino de Beas, exactamente a medio kilómetro más o menos de lo que se conoce a fecha de hoy como Jesús del Valle, un convento de los jesuitas, desgraciadamente abandonado y que se encuentra en un estado total y yo diría definitivo de ruina. 

Presa del Rey. 


La presa del Rey se levanta sobre unos basamentos creados bajo el cauce del río con gran solidez, para evitar que las riadas y crecidas del río acaben con ella. Están realizados con mampostería de piedras y grandes cántaros rodados y angulosos que se unían entre sí con un hormigón de cal, que aguantaba bien el agua.  El conjunto se completaba con un muro, con machones de madera y huecos. 

En la boca de la presa, lugar por el cual se captaba el agua, se colocaban compuertas móviles de madera que controlaban a voluntad el cauce del agua, y que además no se deterioraban en caso de crecida del río. 

Izquierda y seca acequia original del siglo XIII. Derecha nueva conducción de agua. 


Al final de la presa, al terminar la zona de decantación, se iniciaba la Acequia del Rey, que comenzaba su andadura en el margen derecho del Darro,  a los pocos metros ya tenía un desagüe, por si había que devolver parte del caudal otra vez al río Darro. 

Estanque de decantación y desagüe de retorno al río. 


La presa fue construida por los primeros reyes de la dinastía Nazarí, en este caso Alhamar que para poder establecer su palacio en la colina de la Sabika, necesitaba imperiosamente un suministro de agua.  No tuvo nada más que copiar el sistema que ya se utilizaba desde el siglo XI, para llevar el agua a la población de Granada, una acequia como la de Aynadamar, aunque en este caso en vez de tomar sus aguas de un nacimiento natural a los pies de la Sierra, se tomaría de un río, el Darro, estamos en el siglo XIII, y aún nadie imagina las consecuencias de la construcción de esta presa, y lo que va a suponer para la nueva ciudad palatina de La Alhambra. 

Foto del año 1952 de la presa. FOTO: Archivo de la Alhambra. 



A lo largo de los siglos, la Presa y su acequia han ido sufriendo los avatares del tiempo, se ha destruido y reconstruido cientos de veces, en época nazarí era delito cualquier atentado contra la Acequia, en época cristiana quedó clara la necesidad de seguir manteniendo su funcionamiento para el abastecimiento de agua, tanto a la alhambra como a los barrios de Granada pegados al monumento, tan sólo ya en el siglo XX, con la revolución industrial, la canalización de aguas y el progreso, la acequia y por ende la presa quedaron sin utilidad. 

Vista de la presa. 


La presa actualmente se encuentra en muy buen estado, y sigue manteniendo sus compuertas, estanque de decantación y toma de la Acequia Real, aunque la parte original del siglo XIII está cerrada, si sigue sin embargo funcionando las nuevas canalizaciones de agua, de la acequia moderna. De la presa original de época nazarí no queda nada, tan sólo el talud moderno por el cual baja el río, nos hace vislumbrar el origen de la presa. 

Plano de la presa del año 1984. 
DATOS DE INTERÉS:

PRECIO: Gratis. 
HORARIO: No aplicable, está al aire libre. 
VISITA PARA GRANADINOS. Ir a Jesús del Valle y la presa del Rey, es una bonita y típica excursión de senderismo fácil, que combina un poco de historia. 
VISITA PARA EXTRANJEROS: No se considera este lugar como visita visita cultural, sino como senderismo. 
COMO LLEGAR: Si partimos desde Plaza Nueva, podemos coger el autobús que nos lleva hasta el Puente Mariano en el camino del Sacromonte, de allí hasta el final del camino que lleva a Beas, cruzamos el río Darro y cogemos el carril a la izquierda, seguimos siempre de frente, hasta que vemos los restos del Jesús del Valle, de ahí es coger el carril de tierra unos 700 metros, conviene consultar la ruta en wikiloc, u otras páginas análogas.