Cuando ascendemos al viejo Castillo de Montefrío y a la Iglesia de la Villa encontramos en el camino adosados a las paredes de la fortaleza sobre la cual se asientan estos dos monumentos, una serie de nichos abovedados, con arcos de medio punto y hasta dos metros de profundidad. Eran panteones individuales que formaban parte del conocido como Cementerio Viejo de Montefrío y que tiene su origen en el siglo XVI. Algunos de estos nichos se comunican entre sí, y otros no llegaron a acabarse. En total se han encontrado hasta dieciséis nichos.
El abandono de este cementerio se produjo en el siglo XIX, por Real Decreto de su Majestad de fecha 4 de Noviembre de 1895 y todo ello para cumplir las nuevas normas que impedían que hubiera cementerios dentro del núcleo urbano de la población, por cuestiones de salud pública y para evitar epidemias, además de que se había quedado pequeño para el volumen de población que tenía Montefrío a finales del siglo XIX.
En estos nichos se podían enterrar hasta a tres difuntos y hay otras más pequeñas que servían para el enterramiento de niños, esos grandes nichos se les asignaron las familias más pudientes de Montefrío. Se piensa que este cementerio empezó a funcionar igualmente por el hacinamiento y falta de espacio de otro cementerio aún más antiguo ubicado en lo alto de la peña en la que se encuentra la Iglesia y los restos del Castillo.


























































