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miércoles, 30 de septiembre de 2026

Cueva del monje. Guadix

Cueva del Monje

 

Visitamos un lugar de leyenda en tierras de Guadix, se trata de la cueva del Monje. Se trata de una cueva situada a las afueras de la ciudad, un poco más allá de la ermita del Humilladero, famoso lugar por ser en el que se produjo la rendición de Guadix, ante los ejércitos cristianos.

Interior de la Cueva



Este tipo de cuevas, fueron especialmente populares en el siglo XVI, como lugares de retiro, dónde popularmente se había producido alguna aparición de la virgen, o dónde había vivido algún tipo de anacoreta o ermitaño. Ciertamente algunas de estas cuevas, sí tuvieron la función de iglesias rupestres en épocas más antiguas.

Zona abierta y sin techo



La cueva del Monje, se encuentra en las bad-lands de Guadix,un terreno de arcilla rojiza y escaso de vegetación, el acceso a fecha de hoy es muy complicado, pues con los años se han producido desprendimientos que han afectado a parte de las estructuras existentes, no obstante con unas buenas botas que agarren bien al terreno y con un buen bastón, todavía es posible acceder a su interior.

Cueva del Monje


Se trata de una cueva con tres estancias, a través de un arco realizado con mortero y ladrillos se accede a una primera habitación, que da paso a la pieza fundamental de la cueva, una gran espacio con un banco de arcilla en su lado izquierdo y una especie de hornacina frontal, que quizás albergara la imagen de alguna figura religiosa, probablemente una Virgen. Todo este espacio estaba ricamente pintado, con pinturas casi con seguridad del siglo XVIII, sin embargo, los años transcurridos y el vandalismo, han hecho que apenas sean apreciables.

Interior de la cueva


Banco de Arcilla


A la derecha otra habitación grande, que tiene al fondo, una pequeña oquedad, que bien pudiera ser, algún tipo de alacena, fresquera o almacén por sus dimensiones.


Zona desprendida

Vistas desde la Cueva del Monje


El resto de la cueva ya no es visible, pues el paso del tiempo y los desprendimientos ha hecho que se pierda.


Una de las curiosidades relativas a la existencia de esta cueva, es la crónica que hizo el periodista José Requena Espinar en el accitano el 15 de marzo de 1908, crónica que podemos encontrar en dicho diario y que dio lugar a la famosa leyenda de la cueva del monje y que literalmente dice:


Otras cuevas en el entorno



Detrás del Humilladero, risueño alcor que se levanta coronado de verdes olivos, en la riquísima vega de esta ciudad, existe aún una pequeña excavación a que por todos los naturales de este país se le da el nombre de Cueva del Monje.

Es tradición oral, que cuando los árabes se posesionaron de esta población en el siglo VIII, andando los tiempos, vivió en ella un hombre de cristianísimas virtudes, que, huyendo de la persecución y martirio a que aquellos infieles condenaban a los sectarios de Cristo, se retiró a aquel antro troglodita, viviendo allí ignorado y escondido de naturales e invasores, ejerciendo el solo prácticas evangélicas que acostumbraban los que tuvieron la dignidad de encerrarse en las catacumbas.


Este voluntario eremita no vio los rayos del sol en muchos años, y solo en las sombras de la noche acostumbraba a salir de su miserable escondite, a fin de recoger algunas hierbas, que era el único alimento de su frugal y obscura existencia. Un día, los adoradores de Mahoma se acercaron a aquel antro profundo y oscuro, y por un milagro de la Providencia no le vieron, por estar él inclinado en el último rincón de tan larga madriguera. El observó lo que pasaba, y entrando en temores de que el registro pudiera repetirse, en aquella misma noche, con una pobres alforjas al hombro y un burdo y tosco cayado, por en medio de montes y tierra, atravesando terrenos abandonados e incultos, tomó el camino de Córdoba, llegando salvo y sano a la capital del Califato, donde él sabía que vivían muchos cristianos amparados por la rectitud y bondad de los eminentes Califas de aquella corte, que llegó a ser el emporio de las ciencias y las artes en España, tal, que los hijos de los reyes cristianos eran mandados a aprender a sus madrazas, lo que las ciudades dominadas por los reyes descendientes de Pelayo, no abrigaban en su seno. Allí, cuenta la tradición, trabó relaciones con muchos antiguos conocidos de la ciudad de Acci, que habían madrugado más que él para ponerse a salvo de las asechanzas insidiosas del pueblo muslímico.


¡Más cuál fue su dolor, al acordarse de que en la cueva abandonada había dejado abandonada también una Virgen de marfil, que su cariñosa madre le había regalado poco antes de morir, con encargo de que no se separara de ella jamás! Tanto le preocupó este recuerdo, tan ingrato se miró, que determinó volver por el mismo camino a encontrar su adorada Virgen, para llevársela a Córdoba.

Con la misma facilidad que había llegado a esta ciudad, regresó a Guadix. Pero como Dios dispone que los que han de ser suyos no puedan escapar de las contrariedades adherentes a una vida de mártir, cuando otra vez regresaba a Córdoba, una partida de moros le sorprendió al pie del monte del Mencal y lo trajo a dormir a dormir al cortijo de Lopera; pero aprovechando un descuido, en ocasión de verles dormidos, escapó río abajo, hasta la junta de los dos ríos, y remontando el de Guadix, vino a parar otra vez a la Cueva del Monje.

Aquí, oculto en su antiguo cubículo, semejante a una fiera, no se atrevió ni aún a salir algunas noches para buscar provisiones. Demacrado y triste, lleno de mil angustias, vivía el pobre azorado y con temor, hasta que la Providencia dispuso que aquel alma dolorida subiese al cielo por miedo del martirio. Una mañana del mes de abril, cinco o seis moros merodeaban por las cercanías de la Cueva haciendo leña para sus respectivos lugares. Uno de ellos vio la boca de la cueva, e internándose en ella, al poco rato salió convidando a los demás a que entrasen con él e inspeccionaran aquel antro, pues tal vez sería alguna madriguera de alimañas, y él se había acobardado al llegar a la mitad de ella, siguieron le los otros y no retrocedieron hasta que llegaron al fin.

El pobre monje estaba oculto en el último rincón; uno de ellos distinguió el bulto y llamando la atención a los demás compañeros, llegaron a él con palos y armas arrojadizas. El infeliz sollozó y les pidió que no siguieran en sus agresiones, que él era un infeliz cristiano, que huyendo de sus persecuciones, estaba oculto en aquel sitio, siendo un ser indefenso, hombre de paz. Aquellos empedernidos corazones le sacaron al aire libre, y golpeándoles y maltratándoles a palos y bofetadas, ataron al infeliz al muro de un árbol cercano y con toda clase de armas contundentes le magullaron el cuerpo, dejándole como si estuviese muerto, y aquellos verdugos se volvieron a la ciudad contentos y satisfechos de su mala acción.


Cuenta la tradición oral que cuando desaparecieron, una joven, blanca como la luna, bella como la ficción más bella que pueda crear la mente de un poeta, acercó se al infeliz, desató sus ligaduras y le curó instantáneamente de las heridas que le habían inferido aquellos bárbaros, ordenándole que siguiese sus pasos sin perderle de vista. Nuestro monje, llevando por guía a aquella esplendorosa doncella, entro en Córdoba, donde fue recibido por otro compatriota, célebre en los fastos de la historia eclesiástica de España. La doncella que la guió convirtió se a vista de los dos en una pequeña estatua de marfil, igual a la que la madre de nuestro monje le dio al tiempo de su muerte. En Córdoba recibió el martirio al lado de su ilustre compañero por negarse a observa y acatar las prácticas de Mahoma. Esta es la tradición de la Cueva del Monje, cueva que aun todavía pueden visitar los vecinos de aquí , y que efectivamente la visitan en las hermosas tardes de primavera y en las hermosas noches del estío, cuando la luna impera sobre nuestro saludable y despejado horizonte para gozar del ambiente puro que allí se respira; pues el valle risueño que se extiende al pie del pequeño Alcor, llamado Humilladero, es un Edén, debido todo al buen cultivo de sus productoras tierras, a la exuberante vegetación que crece en sus alrededores y a las aguas purísimas y límpidas que en pequeñísimos arroyos bajan de la fuente que domina aquellos terrenos, que mas bien son hoy pensiles de hadas, por estar bordado tan bello valle de plantas vivaces que en todas las estaciones recrean la vista con su eterno verdor, y el oído con los armónicos susurros que la brisa despide en sus frondas, siendo la cualidad superior de aquel retiro, la paz que presta al alma de un hombre que allí se solace algunos días recorriendo las páginas de una obra, de un libro, sea cual sea, siempre que su lectura esté en relación con todo aquello que proporcione la felicidad terrestre y enseñe a vivir honestamente, a no hacer daño a nadie, y a dar a cada uno lo que sea suyo”.

El diente y la muela. 


Y hasta aquí el relato sobre esta cueva que podemos encontrar en nuestro paseo al paraje natural de la Muela y el diente en Guadix.

BIBLIOGRAFÍA:

Reyes Martínez, Antonio. La Cueva del Monje (Guadix, Granada)

El Accitano. 15 de Marzo de 1908. 

jueves, 5 de febrero de 2026

Leyendas de Granada. Llueve más que cuando enterraron a Zafra.

Portada de la Casa de D. Hernando de  Zafra


Estimado lector; En estos primeros días de Febrero del año 2026, cuando la borrasca Leonardo se aleja y aparece en el horizonte otra nueva borrasca, y cuando vemos en la televisión como el río Genil casi se desborda a su paso por Granada, no deja de venir a mi cabeza aquel célebre dicho que decía "Llueve más que cuando enterraron a Zafra", así que este es un buen momento para recordar esta vieja historia del libro de tradiciones de nuestra querida Granada. 

Esta es una historia que se ha ido pasando por los granadinos de boca en boca, así hasta llegar a nuestros días y empieza hace ya muchos años cuando paseaba por nuestras calles un señor llamado D. César de Zafra que era descendiente de D. Hernando de Zafra, señor de la casa de Castril y secretario de la Reina Isabel la Católica. 

D. César tenía un hijo de nombre Alfonso, galán, rondador, el mancebo más gallardo que paseaba por las calles del Albayzín. Tenía voz de jilguero, punteaba como nadie las cuerdas de una vihuela y por supuesto que se guardase nadie de mirarlo pues era el más diestro espadachín en diez leguas a la redonda en el arte de manejar una tizona. Llevaba ropilla de terciopelo azul, blanca pluma en el sombrero, y era  jinete de un precioso su caballo negro. 

Por las noches D. Alfonso iba a darle serenatas a la señora de su corazón. Las doncellas morían por amor y a los mozos les consumía la envidia. 

Estando D. César fuera de la patria, D. Alfonso había puesto sus ojos en una gitanilla llamada Azucena que vivía con su madre de unos cincuenta años de edad, en un pequeño jardín a espaldas de la casa de D. César, lugar en el que plantaban flores y hortalizas que posteriormente vendían en el mercado, con esto y cierta actividad curandera con platas y medicinas para curar los males que los doctores no podían iban tirando madre e hija. 


D. Alfonso pues enamorado estaba de Azucena, la cual se resistió mucho a darle el visto bueno, pues presentía que un galán de aquel porte no se iba a acercar a ella con buenas intenciones. Azucena era gitana y con toda su honra vigente, pese a los numerosos pretendientes que había tenido. Sin embargo llegó Alfonso y al tiempo y por la insistencia de él, empezaron una relación y  llegaron a quererse y a no poder vivir el uno sin el otro. 

Casa de Castril. Carrera del Darro. 


Eran D. Alfonso y Azucena el hombre y la mujer más felices del universo en su amor, que quiso el destino que cierta noche, mientras pelaban la "pava" en la reja de la casa,  fueran los enamorados descubiertos por un galán desdeñado. A los pocos días, la historia de amor de nuestros protagonistas era de lo único que se hablaba en toda la ciudad. 

Pasaron los días, y  D. Alfonso no  acudía a la reja de la ventana pero también de forma imprevista  el agua dejó de llegar a la casa de la gitana y a su   jardín y dejó de  regar flores y hortalizas que día a día se marchitaban. Azucena sufría con grandes suspiros por su amor, y la madre viéndolas venir, decidió ni más ni menos que plantarse en casa de D. César y averiguar que estaba pasando. 

D. Alfonso estaba encerrado en una torre de la Alhambra por decisión de su padre, la madre de Azucena, a  D. César le pedía que volviera el agua al jardín para que pudiera regar sus plantas, D. César no quería, pero era supersticioso y pensaba que una maldición gitana le podía caer, sin embargo le respondió que en su casa también había sequía de agua, que no corrían ni por sus fuentes ni sus pilares. La Gitana que sabía que todo eso era mentira no tuvo más remedio que irse, no si antes desearle a D. César tal cantidad de agua que muriera enterrado en ella. 

La cuestión es que con maldición o sin maldición D. César cayó enfermo y murió al poco tiempo en menos de lo que canta un gallo. Se colocó el velatorio en la sala principal de su casa, vestido de negro con doce cirios ardiendo alrededor del ataúd. 

A las once de aquel día empezó el cielo a teñirse de oscuro y unos grandes nubarrones cubrieron toda la ciudad de Granada, a la hora del atardecer un furioso huracán despertó arrancando de cuajo árboles centenarios, los truenos sonaros, los rayos cayeron y empezó a caer el mayor de los aguaceros que se recuerdan en Granada. El río Darro empezó a crecer y a crecer hasta salirse de su cauce e inundar toda la ciudad de Granada, sus calles y sus plazas. 

Río Darro a su paso por Granada


El agua entró en la casa de D. César, apagó todas las luces y sacó a flote el ataúd con el difunto dentro, que arrastrado fue por la corriente hacia la Vega de Granada, sin que hasta la fecha se sepa cual fue su paradero.  

Libre D. Alfonso y dueño de su voluntad, no esperó al año de luto y en busca de Azucena fue para pedirle feliz matrimonio, casándose pues al poco tiempo y abandonando la ciudad hacia posesiones que tenían en el campo.

Esta es la historia leyenda del entierro de Zafra basada en "Tradiciones Granadinas" de José J. Soler de la Fuente. 

Decir que como toda leyenda, hay varias versiones circulando en diferentes publicaciones tanto antiguas en formato papel, como más modernas en digital, en ellas, la Maldición cae sobre el mismo Hernando de Zafra, que es el que corta el agua y el que recibe la maldición. Pero lo que no cambia ni en una ni en otra versión es que el diluvio que cayó aquel día fue universal y que arrastró el ataúd de nuestro desdichado protagonista río abajo para no ser encontrado nunca jamás. 

Desde entonces y por eso siempre en Granada se ha dicho y se dice: "Llueve más que el día que enterraron a Zafra".  

Reventón del río Darro en Puerta Real. 




viernes, 30 de mayo de 2025

Leyendas de Granada. Duende Martinico.

 

Duende. Imagen creada por IA. 
Microsoft Copilot

Hoy traemos una historia fantástica, una historia de seres mitológicos, pero que existen y que de hecho nos rodean y viven con nosotros en nuestro día a día. Se trata de los duendes, y en especial y concretamente le vamos a dedicar unas pequeñas líneas al duende “Martinico”, pues es el que singularmente apreciamos.


Según la RAE, un duende es un espíritu fantástico que habita en ciertos lugares asustando a la gente causando en ellas trastorno y estruendo. (Dicen que en esa casa hay duendes.) También se refiere a un encanto o atractivo especial y difícil de explicar (Para cantar y bailar flamenco hay que tener duende).


Según algunas leyendas los duendes son ángeles que cayeron sobre la tierra. Los duendes suelen dormir en las cuadras, desvanes o cocinas. Si por la noche los moradores de la casa le dejan algo de ceniza o comida serán duendes satisfechos.


En las casas abandonadas los duendes prefieren seguir habitando en ellas que ir tras sus moradores, tanto es así, que en el siglo XVI había tal cantidad de duendes que si una persona compraba una casa habitada por duendes, tenía el derecho a abandonarla. En el siglo XIX ya Pedro Antonio de Alarcón refiere la existencia de varias casas cerradas por culpa de los duendes y demás espíritus.


Duendecitos. Grabado de Goya. 



EL MARTINICO:


Es un pequeño duende doméstico, que vive en las casas y que le gusta hacer travesuras, es el que mueve las cosas de sitios, por eso nunca no sabemos dónde hemos dejado las gafas, también bromea con los inquilinos gastando bromas de forma continúa, apagando luces, o haciendo ruidos.


Según la tradición es pequeño, regordete y narigudo y cuentan que va vestido con hábito de color rojo. A lo largo de la geografía española el martinico aparece en diferentes lugares con algo más de presencia en Castilla o Andalucía.


En Aragón, el Martinico es el encargado de los sueños y a los niños que no tienen ganas de dormir se les dice que “Ya viene el Martinico”.


Pero desde luego el martinico que nos interesa es el que hay en Granada, habita en los Aljibes del Albayzín, es él el guardián de estos depósitos de agua y lo hace con la intención de asustar a los niños y de esa manera evitar que ensuciaran el agua que servia para beber en la ciudad y evitar infecciones, otros dicen que el motivo era evitar que cayeran al interior de ellos y murieran ahogados, algo que desgraciadamente ocurrió varias veces a lo largo de la historia del Albayzín y de sus aljibes.

Aljibe del Peso de la Harina. Albayzín de Granada 


También se cuenta que los aljibes eran estructuras hidráulicas fabricadas por los musulmanes y que funcionaron durante siglos, pues bien en época cristiana seguían funcionando gracias a los duendes Martinicos que cuidaban de que el agua circulara y llegara a su destino sin estropearse.


El duende Martinico también tiene presencia en Benamaurel, una leyenda cuenta que cada vez que un niño moría sin ser bautizado se convertía en Martinico de la casa, y que la única forma de hacer desaparecer a este Duende era pagando una bula a la Iglesia. Esta historia se cuenta de forma idéntica en Baza.

Interior Aljibe Albayzín sin agua
difícil que aún podamos encontrar a 
los Martinicos en su interior. 


Son muchos más los duendes que hay en la geografía española y morando en nuestras casas, pero desde este blog centrado en Granada, hemos querido hacer referencia precisamente a uno de los más cercanos que tenemos.


martes, 11 de junio de 2024

Leyendas de Granada. Esperándola del cielo. Fantasmas de Granada. La Dama de Blanco.

 

Leyenda esperándola en el cielo y fantasma de la Dama Blanca.
Esperándola en el Cielo. Leyenda del balcón 

Uno de los edificios más singulares de la Carrera del Darro en Granada es la Casa de Castril que actualmente alberga las instalaciones del Museo Arqueológico Provincial. Este Palacio fue propiedad del Tercer Señor de Castril, nieto de D. Hernando de Zafra que fue secretario de los Reyes Católicos y que recibió numerosos bienes por su ayuda en la conquista de Granada.

Casa de Castril. Museo Arqueológico.
Casa de Castril. Museo Arqueológico


Es un magnífico Palacio Renacentista en el que destaca su magnífica portada, es obra de Sebastián de Alcántara que fue discípulo de Diego de Siloé.


Pero al margen del edificio, de su bella traza, su patio, sus armaduras y sus bellas vistas sobre la Alhambra de Granada, una de las cosas que más llama la atención es el balcón exterior que se encuentra en la esquina del primer piso y que además de ser ciego, es decir, encontrarse tapado tiene sobre él una inscripción que dice “ESPERÁNDOLA DEL CIELO”. Esta frase no puede pasar desapercibida para nadie pues encierra una de las más tristes leyendas que hay en la ciudad de Granada.

Detalle de la fachada de la Casa de Castril en Granada.


LEYENDA


Siglo XVI y en este Palacio vive el Señor de Castril de estado viudo con su bella hija llamada Elvira. El señor de la casa es un hombre de principios, honor y respetado por todos. Especialmente está preocupado por mantener intacto el honor de su hija Elvira que destaca por su belleza, es muy celoso y escrupuloso de cuantos se acercan a ella.


Sin embargo poco podía imaginar que Elvira ya había sucumbido a las mágicas flechas de cupido y estaba enamorada de Alfonso de Quintanilla, apuesto joven que pertenecía a un linaje férreamente enemistado con el Señor de Castril.


Aprovechando las idas y venidas del padre, era cuando los enamorados aprovechaban para sus encuentros en el Palacio de la Carrera del Darro, sin embargo, un día el Señor de Castril regresó mucho antes de lo esperado, estando en la alcoba del piso superior Elvira con su apuesto amor D. Alfonso de Quintanilla. Ante la situación que se produjo, Luisillo, un joven paje al servicio de la casa, subió rápidamente a la alcoba para dar aviso de la llegada de su Señor, tiempo suficiente para que D. Alfonso pudiera abandonar el escenario de sus amoríos.


Quiso la vida que al entrar el Señor de Castril en la alcoba encontrara a Luisillo junto a su hija Elvira que andaba a medio vestir, el Señor de Castril no daba crédito a lo que sus hijos veían, pero no tardó en reclamar rápidamente la presencia del verdugo y ejecutor de la ley, para que allí mismo y desde ese mismo balcón ahorcara al joven paje por mancillar el honor de su hija. Fueron muchas las súplicas de Luisillo pidiendo clemencia y justicia e intentando explicar el malentendido, pero no había fuerza humana capaz de frenar la ira del Señor que bien le dijo al paje la siguiente frase:


“Pide cuanta Justicia quieras, ahí ahorcado puedes estar esperando la del cielo cuanto tiempo te plazca”.

Esperándola en el cielo
Leyenda esperándola en el cielo. 


Acto seguido y tras ahorcar al paje mandó cerrar el balcón de por vida y escribió la frase “Esperándola del cielo” y así ha llegado a nuestros días.


En esa misma habitación murió posteriormente Elvira que sumida en una fuerte depresión se suicidó tomando un fuerte veneno.


Esta leyenda tendría aquí su punto y final, sino fuera por algunos acontecimientos muy conocidos en Granada y que nos llevan a que tengamos que hablar de “LA DAMA BLANCA”. Una misteriosa figura de mujer, blanca, joven y bella.


Cuentan que estaba un día una trabajadora del museo arqueológico de turno, tenía fiebre, malestar y se encontraba fatal, sus compañeros le decían que se fuera a casa pero ella declinó, se fue a una oficina a sobreponerse, pero la fiebre iba en aumento llegando a los 40 grados. Fue en ese estado de duermevela cuando observó la figura de una joven y bella muchacha rubia a su lado que le ofrecía una sonrisa sanadora, la trabajadora se sintió tranquila y mucho mejor incluso le pidió a la extraña mujer que le diera protección y salud, y así dijo la joven que lo haría.


Momentos más tarde al llegar los compañeros la encontraron totalmente recuperada y sin fiebre. En una hora el cuerpo estaba en su temperatura y su estado fue de normalidad, Lo curioso es que esta trabajadora tenía una enfermedad que le hacía tener estos episodios de fiebre de forma habitual y prolongada en el tiempo, era una enfermedad yatrogénica, es decir adquirida en un hospital y resistente a los antibióticos. Tras una analítica se comprobó que el virus había remitido y lo atribuyó todo a la Dama Blanca.


En otra ocasión saltó la alarma siendo algo que estaba ocurriendo de forma habitual, la persona encargada acudió al museo sin que se encontrara rastro de fuego ni de ninguna anomalía, sin embargo se pudo comprobar que la sala en la que había saltado el sensor era la Sala IV del museo, la sala Romana que se ubicaba en la habitación en la que está el balcón tapiado y cegado.


Pero no sólo aquí tenemos hechos especiales, en la Casa de la Torre que pertenecía al Monasterio de San Bernardo los empleados aseguran haber oído ruidos de pasos en los pisos superiores cuando el lugar estaba vacío. También se ha hablado de fotocopiadoras que se han puesto a funcionar solas imprimiendo folios con frases incompresibles en lenguas sin sentido.

Casa de la Torre. Granada
Interior de la Casa de la Torre

Casa de La Torre en Granada
Interior de la Casa de La Torre


Y este es el fin de estas dos historias que se entrelazan en la historia una del siglo XVI y otra del siglo XX. ¿Es esa Dama Blanca el espíritu de Dña, Elvira?, como todo en la vida, las leyendas, leyendas son y los fantasmas haberlos hay los...¿Pero? ¿Hay en la Casa de Castril un fantasma que obedece al nombre de Dama Blanca? Os invito a visitar nuestro museo arqueológico sito en la Casa de Castril y que nos contéis vuestras experiencias.


sábado, 21 de octubre de 2023

Leyenda de la Virgen de los Angeles. Alhama de Granada.

Virgen de los Ángeles en Alhama


Una de las rutas más bonitas que podemos hacer en Alhama de Granada es la que va desde su casco viejo hasta la Pantaneta de Alhama recorriendo el paraje natural de los Tajos de Alhama, a medio camino de este bello paseo encontramos la Ermita de la Virgen de los Ángeles, un lugar del que poco se sabe respecto a su origen, pero que tiene una bella leyenda que ha ido pasando de generación en generación.


La ermita está excavada en la roca y cuenta con otras dependencias interiores, la imagen que actualmente se venera fue donada tras la Guerra Civil Española por Juan Ribera García.

Leyenda de Nuestra Señora de los Ángeles


Cuenta la leyenda que el día 2 de Agosto del 1500 ocurrió el siguiente hecho:


Venía un caballero de Málaga, y al pasar por la llamada huerta del Cañón, al parecer en el movimiento de algún reptil en la espesura, espantose el caballo, que roto el freno, partió al galope, despeñándose en el precipicio.


El jinete, seguro de una muerte segura, pidió a la Virgen tiempo para morir como cristiano, como sus antepasados. El ruego fue oído, pues, aún reventándose el caballo y lanzando al jinete a más de cien pasos de allí este se salvó.

El susto y la contusión le privaron de sentido, Cuando volvió en sí, miró al frente y vio una imagen de nuestra Madre en la oquedad de una roca, arrodillándose éste. Fue entonces cuando le dijo la Virgen que le quedaban tres días de vida, que le edificase un altar en aquel sitio, sacándole de su antiguo escondrijo.

El caballero que contaba con bastantes bienes pues era de alta alcurnia, dispuso que se construyera una ermita. Al año siguiente se celebraba una función religiosa, para colocar la imagen de Nuestra Señora de los Ángeles, y se colocó una cruz en el sitio de la catástrofe, que se conoce con el nombre de Salto del Caballo.

Desde ese día y hasta la fecha se acude en procesión hasta la ermita todos los 2 de Agosto de cada año como señal de agradecimiento y devoción a Nuestra Señora de los Ángeles.

Es costumbre de los caminantes, pararse para elevar una oración en dicha ermita y depositar alguna limosna.

Y aún hoy en día es posible ver en la piedra las huellas donde el caballo puso los cascos en su tremenda caída y quedando grabadas en la dura piedra las siluetas de sus herraduras.

Pantaneta

Bajada del pueblo hacia los Tajos de Alhama


El paseo que recorremos hasta llegar a este lugar es muy bonito, y contiene otros puntos de interés como viejas Fábricas de Harina o una serie de piedras que eran usadas como lavaderos antiguamente por las mujeres del pueblo. 

Otra de las dependencias interiores
de la Ermita de la Virgen de los Ángeles





 

domingo, 8 de enero de 2023

Leyendas de Granada. La casa de los Telarones.

 

Hornacina sobre una casa en el Albayzín. 
¿Será la de los Telarones?

Recientemente rememoré en una de las muchas visitas que hago por el barrio del Albayzín esta vieja leyenda de la casa de los Telarones que ya había leído, pero que mis viejas neuronas habían almacenado en lo más profundo de mi cabeza. De igual manera yo se la conté a otro grupo de personas en otro día de agradable paseo, quedando todos maravillados ante esta y otras historias que para ese día me había preparado, y tal y como dice “el maestro” y sabiendo que su propósito es que estas historias se difundan a cuanta más personas mejor, he aquí que os voy a relatar la leyenda de “La casa de los Telarones”.

Aljibe del Paso en el Albayzín. 


A fines del pasado siglo, los habitantes del Albayzín conservaban aún recuerdos de la ciega credulidad de los tiempos anteriores. Sin dificultad afirmaban ser cierto lo que se refería de la intervención de los espíritus invisibles, en los actos, de la vida de los mortales, y con fanática credulidad asentían a cuantas historias maravillosas se contaban relacionadas con el pasado.

Hornacina en la Plaza del Conde, en otra de las 
llamadas "Casas del Miedo". 


La Casa de los Telarones tenía la suya, y aunque fantástica, como hija de la imaginación popular, retrata perfectamente las costumbres de los pasados siglos.


¿Qué ocurría el 21 de Abril de 1774 que multitud de dependientes de la justicia se paseaban por la calle San Gregorio Alto, delante de una casa a la que atribuían ser morada de espíritus infernales?


La delación de la gente del barrio, había hecho que la justicia subiese por aquellas empinadas cuestas, para ver si era cierto todo lo maravilloso que se refería de esta casa. Asegurábase que en ella, trabajadores invisibles hacían funcionar a unos telares descomunales, produciendo unas cintas tan famosas, que eran la admiración de toda la ciudad. Añadían que de noche solo era cuando se escuchaba trabajar, y que de día era el silencio más absoluto el compañero de aquella morada.


Los golillas, aunque sin gana, pero esforzados por el bien parecer, penetraron en el edificio, y el desengaño que llevaron fue inaudito; creyéronse burlados al no encontrar en aquella casa, que estaba deshabitada, signos que demostrasen la existencia de ninguna fabricación.

Telar de Seda. 
Centro de interpretación de la Seda en Cájar. 


Salieron los ministriles corridos, y dieron parte a sus superiores. Pero el clamor popular se acentuó más y más; los ruidos continuaron por la noche, y cuando la autoridad tomó decidido empeño en averiguar la verdad de estos sucesos, presentóse al alcalde del crimen, que moraba en la calle de Elvira, un trabajador que hacía un año había llegado á Granada, con tres hijos suyos, y explicó la verdad de aquellos misterios. Poseedor de pocos fondos, había alquilado una mezquina habitación cerca de la casa vigilada por la autoridad, a causa del miedo de los vecinos, y excitando este, había hecho que no tuviese nunca inquilino. De este modo y comunicándose desde su vivienda con un gran sótano de aquella casa, tejía de noche sus hermosas cintas, que de día, pretextando eran traídas de fuera, vendía a los comerciantes de la Alcaicería. Con tal estratagema lograron algunos fondos, y antes de ser perseguidos como criminales, lo denunciaban a la autoridad.

Madeja de seda en el centro de interpretación de la seda
de Cájar. 


El alcalde del crimen holgó de tan astuto modo de vivir; mucho más cuando supo que eran artífices que habían perfeccionado el modo de ser de los telares granadinos. Contentase con reprenderles, y publicó en el Albaicín tal aventura, para desterrar el miedo de sus crédulos habitantes.

Placeta de la Cruz de Piedra. 


Pero nada logró. Todos siguieron creyendo de buena fe que aquellas cintas eran fabricadas por espíritus invisibles, y la Casa de los Telarones se consideró desde entonces como mansión del demonio, no habiendo quien de noche dejase de hacer la señal de la cruz, al acercarse a la referida casa.


Esta versión de la leyenda de D. Francisco de P. Vila-Real y Valdivia se basa a su vez en la escrita por Afán de Ribera en su obra las noches del Albayzín: tradiciones, leyendas y cuentos granadinos.

Antonio Joaquín Afán de Ribera



Estas leyendas son en su inmensa mayoría inventadas, y tan sólo algunas sí obedecen a cierto contexto histórico o a cierta tradición oral de hechos acaecidos en el pasado y que se fueron transmitiendo de generación en generación. De hecho muchas de estas leyendas de “las casas del miedo” se contaban a los niños para que se quedaran en casa junto a la chimenea y no estuvieran deambulando por las oscuras y estrechas calles del Albayzín.


Como siempre mi agradecimiento público a Eduardo Prados.

miércoles, 18 de mayo de 2022

Leyendas de Granada. El suspiro del moro.

 

El suspiro del Moro de Francisco Pradilla. 

Una de las leyendas más conocidas de la Granada musulmana es la del Suspiro del Moro. Granada ha caído y los Reyes Católicos han conseguido la capitulación y rendición de la ciudad, en la torre más alta de la Alhambra ondea el estandarte real y una campana llevada a tal efecto tiñe con fuerza para decirle al mundo entero que Granada es cristiana. Boabdil el último rey de Granada sale en comitiva y abandona la ciudad camino del exilio en tierras de la Alpujarra Almeriense, concretamente en Laujar de Andarax, dónde se le ha concedido unas tierras y rentas para poder vivir. En un momento dado gira la cabeza y observa por última vez el lugar que le vio nacer, la ciudad que amó y reinó y fue en ese momento cuando lloró y suspiró. Su madre entonces le dijo: “Llora como una mujer lo que no has sabido defender como un hombre”. Una frase para la eternidad y que más de 500 años después todo el mundo aún conoce.


Pero vamos a intentar desgranar un poco más como fue ese aciago día en la vida de Boabdil y qué ocurrió.


En primer lugar vamos a ubicar el sitio llamado como “Suspiro del Moro”, hoy en día se encuentra junto a la Autovía de la costa, en un punto que todo el mundo conoce precisamente como “Suspiro del Moro”, entre los términos municipales de Otura y Padul y célebre por el restaurante que allí se encuentra. Es un lugar desde el que se divisa la ciudad de Granada antes de bajar ligeramente hacia la costa. Sin embargo es posible que este no fuera el lugar en el que ocurre dicha leyenda, pues varias teorías indican que el camino que usó Boabdil y su comitiva para llegar a tierras almerienses no pasaban por este punto y sí más bien por la Sierra del Manar que se encuentro justo al lado en los términos municipales de Dílar y Padul. Incluso hay que se aventura a decir que verdaderamente este punto se encuentra en Las Gabias y que de alguna manera Boabdil primero tomó dirección a Málaga, y justo pasado el famoso torreón de esta villa se produjo el momento comentado.


Boabdil


Las primeras crónicas sobre este suceso o leyenda vienen de muy antiguo, siendo el primero en hablar de ellas Hernán del Pulgar, famoso precisamente por ser protagonista de otras de las grandes leyendas de la reconquista cristiana la del Ave María y que en este blog ya hemos dado cuenta de ella. Hernán Pulgar cuenta con una ventaja muy importante, y es que vivió la reconquista de Granada y fue coetáneo a los hechos relatados, nos cuenta Hernán del Pulgar en sus crónicas lo siguiente:


“E como fue a su casa, que está en la Alcazaba, entró llorando lo que él había perdido, e díxole su madre, que pues no había seydo para defenderlo como hombre, que no llorase como mujer”.


En esta crónica vemos dos diferencias fundamentales con los hechos llegados hasta nuestros días, en primer lugar ocurre dentro del recinto de la Alhambra, por lo tanto Granada aún no ha sido tomada por los Reyes Católicos, es decir estamos aún en el año 1491, lo que nos indica que probablemente este hecho se produjera el mismo día en el que Boabdil y en secreto firmó las Capitulaciones de Santa Fe, el día 25 de Noviembre de 1491.


Boabdil en la Alhambra cuadro de Manuel Gómez Moreno


Posteriormente esta leyenda la menciona un franciscano, fray Antonio de Guevara que inventó la historia para deleite del emperador Carlos V durante su estancia en la Alhambra de Granada, cuando celebraba su luna de miel tras haberse casado con Isabel de Portugal, esto nos da la fecha del nacimiento del relato o leyenda; 1526. Han pasado 28 años desde la partida de Boabdil, y es probable que conociera lo escrito por Hernán del Pulgar, pero es él, el que sitúa el hecho en el lugar erigido entre Padul y Otura.

Al parecer y según cuenta él volviendo desde la costa hasta la ciudad de Granada, paró en un lugar dónde a unas cuantas leguas ya divisaba las altas torres de la Alhambra allí un morisco que servía de traductor le contó la historia que él plasmó en su libro “Epístolas familiares de Don Antonio de Guevara” en el capítulo de la carta número 19 y que dicen lo siguiente:


“Otro día después que se entregó la ciudad y el Alhambra al rey Fernando, luego se partió el rey chiquito para tierra de Alpuxarra, las cuales tierras quedaron en la capitulación que él las tuviese y por suyas las gozase. Iban con el rey chiquito aquel día la reina su madre, delante, y toda la caballería de su corte, detrás, y como llegasen a este lugar a do tu y yo tenemos agora los pies, volvió el rey atrás la cara para mirar la ciudad y Alhambra, como a cosa que no esperaba ya más de ver y mucho menos de recobrar. Acordándose, pues, el triste rey, y todos los que allí íbamos con él, de la desventura que nos había acontescido, y del famoso reino que habíamos perdido, tomámonos todos a llorar, y aun a nuestras barbas canas a mesar, pidiendo a la misericordia, y aun a la muerte, que nos quitase la vida. Como a la madre del rey, que iba delante, dixesen que el rey y los caballeros estaban todos parados: mirando y llorando el Alhambra y ciudad que habían perdido, dio un palo a la yegua en la que iba, y dixo estas palabras: “ Justa cosa es que el rey y los caballeros lloren como mugeres, pues no pelearon como caballeros”.

“Muchas veces oí decir al rey Chiquito, mi señor, que si como supo después, supiera allí luego lo que su madre dél y de los otros caballeros había dicho, o se mataran allí unos a otros, o se volvieran a Granada a pelear con los cristianos”.

Esto, pues, fué lo que me dixo aquel morisco, y estroto día me preguntó el emperador, mi señor, no sé que cosas de la visita, y a revueltas de otras le conté ésta que aquí he contado, el cual me dixo estas palabras “Muy gran razón tuvo la madre del rey en decir que lo dixo, y ninguna tuvo el rey su hijo en hacer lo que hizo, porque si yo fuera él, o él fuera yo, antes tomara esta Alhambra por mi sepultura, que no vivir sin reino en el Alpuxarra. “


Fray Antonio de Guevara viajaba camino de la ciudad de Granada proveniente de la costa, realizando un trabajo e investigación para la corte sobre la problemática Morisca. Es en este punto, dónde el lugar que hoy conocemos como “Suspiro del Moro” pierde su sentido en ser el escenario de los acontecimientos, pues las viejas rutas y caminos pasaban por otros lugares.


Puerto del Suspiro del Moro. Fuente Tripadvisor



Tres son los itinerarios que habían en la Edad Media y que perfectamente pudo coger Boabdil:


El primero desde Granada a La Zubia, Dílar y por la Sierra del Manar por el sendero de “las rajas” hasta el Padul.

La segunda ruta iría hacia Armilla, de ahí a Las Gabias y rodeando La Malahá, giraría hasta el suspiro.

Y la tercera ruta, la más acorde con la leyenda, iría de Granada a Armilla, Alhendín y finalmente Padul por el Suspiro del Moro.


La historia sigue siendo recogida por los cronistas dedicados a recoger la historia de Granada, Luis Mármol de Carvajal o Bermúdez de Pedraza, en ambos casos ni mencionan el lugar exacto, ni hacen referencia al suspiro del moro.


Es Henríquez de Jorquera, el primero que usa el término “Suspiro del Moro”, él escribe sus crónicas en el siglo XVII.


El catastro del Marqués de la ensenada, ya recoge el topónimo de “Suspiro del Moro”, como una venta a tres leguas del Padul.


Pero la historia siguió atrapando a cuantos investigaban, leían y estudiaban los hechos acaecidos en Granada en aquellos días de primeros de Enero del año 1492. Está claro que el único que pudo estar en aquellos momentos fue Hernán del Pulgar y que Fray Antonio de Guevara tuvo que leer sus crónicas. A partir de este momento se produce lo que hoy llamamos “copia y pega”, y la historia va viajando a través de los siglos, con cierta mezcolanza entre realidad y ficción.


Juan de Echevarría en el siglo XVII o Washington Irving en el siglo XIX, son otros de los autores que elevan a los cielos la leyenda del “Suspiro del Moro”. Manuel Alcántara, Pedro Antonio de Alarcón, hasta Zorrilla siguieron engrandeciendo el cuento y relato del “Suspiro del Moro”.


Hoy en día se siguen escribiendo libros, creando música, cuadros, espectáculos en torno a esta famosa leyenda del Suspiro del Moro. Pero... ¿Qué ocurrió verdaderamente?.


Obras literarias. 


Difícil es saberlo y cada investigador y estudioso del tema aporta su granito de arena en intentar esclarecer los hechos, hemos de tomar como más cierta la versión de Hernán del Pulgar pues estuvo en el escenario de los acontecimientos y como más novelesca la crónica de Fray Antonio de Guevara. Cierto es que Boabdil entregó las llaves de la Alhambra junto a la ermita de San Sebastián, allí estaba el Rey D. Fernando, previamente los cristianos ya habían tomado la Alhambra e izado el estandarte rea. Boabdil salió por la puerta de los siete suelos y descendió con su comitiva hasta la ribera del Genil. Mientras Isabel la Católica esperaba en Armilla protegida por el ejército en temor de una posible traición de última hora.

En la ribera del Genil junto a un morabito hoy Ermita de San Sebastián, se hizo la entrega de llaves, y se entonó un te deum por las tropas cristianas. Siguió Boabdil su camino, y llegando a Armilla se encontró con la Reina Isabel la Católica que en cumplimiento de los pactos sellados le devolvió por fin a sus hijos.

La comitiva de Boabdil seguiría su camino, siempre pensando que lo hace por la vía Armilla-Alhendín-Padul, estamos en Invierno el sol se pone pronto sobre las 16:30 horas, por lo tanto visto todo lo ocurrido ese día, y la distancia que hay entre Granada y el Padul y la velocidad a la que viajaría una comitiva como la de Boabdil y por los caminos de entonces, nos hace pensar que de ser cierta la leyenda el mejor camino y más directo sería el mencionado, de tal manera que en los últimos instantes de la tarde y antes de que anocheciera, y desde el punto llamado hoy en día “Suspiro del Moro” se produciría el llanto y suspiro más famosos de la historia de Granada.


El suspiro del Moro. 



Bibliografía y Webgrafía:


Epístolas familiares de D. Antonio de Guevara. 1618

El último suspiro del moro que se inventó un obispo de Guadix. Gabriel Pozo Felguera. El independiente de Granada. 4 de Febrero del 2018.

El suspiro del moro. www.granadaporelmundo.com

El suspiro del moro: leyendas, tradiciones ,historias referentes a la conquista de Granada. Emilio Castelar.

El último suspiro del Rey Boabdil. Leonardo Villena Villena.




Vídeo de la serie Isabel en el que se relata el "Suspiro del Moro".