Esta es una historia poco conocida del motivo por el cual la plaza que hay bajo la Catedral de Granada se llama de "Las Pasiegas". Hasta 1807 se le conocía a este espacio como plaza de las Flores, por los puestos y venta ambulante de flores, sin embargo poco a poco se fueron desplazando y ubicando en la Plaza de Bib-rambla y así la hemos conocido hasta prácticamente el siglo XXI.
Pero volviendo a nuestra plaza resulta que las pasiegas eran un grupo de mujeres del norte de España, concretamente del valle del pas. La cuestión es que una vez que daban a luz venían a Granada en un largo viaje para dar de amamantar a los niños, principalmente de las mujeres de la alta burguesía, por dos motivos diferentes, uno por la falta de leche materna, y el otro por simple capricho y costumbre social. Era como que estaba mal visto el dar de amamantar.
El viaje lo hacían en carretas de vendedores ambulantes, y se hacían acompañar de cachorros de perro que les hacían mantener el flujo de leche materna.
Cuando llegaban a Granada la noticia volaba por toda la ciudad y rápidamente eran llamadas para prestar sus servicios.
Estas mujeres también tenían que cumplir a veces, y en especial cuando lo hacían para la casa real algunas exigencias, como buena ética, estar vacunadas, no haber padecido enfermedades, y muy curioso, una limpieza de sangre, es decir que no hubiera en sus antepasados, judíos, árabes, o moriscos.
Igualmente y aunque esto ya es más conocido, el tema de las pasiegas era un tema tabú y por eso hay muy poca información al respecto.
La última pasiega conocida falleció en 2016 con 97 años y se llamaba Basilia Carral.
Aquí tenemos una pequeña coplilla que habla de estas mujeres y de s viaje desde el Norte de España a Granada.
Largo camino llevaste
por carreteras amargas
cuántas lágrimas perdiste
de Selaya hasta Granada
la luna viajó contigo
y en tu pecho dos medallas
el san Roque es por tu padre
y Valvanuz cerca del alma.
La Virgen de los pasiegos
la que siempre nos ampara
desde el norte hasta el sur
de la cabaña a la plaza
del monte a la catedral
del pisueña hasta la Alhambra
que ya eres ama de cría
y crías de buena gana
a este pequeño andaluz
que te mira mientras mama
jugo de teta pasiega
que derramas por España
calmando hambres de niños
que lloran por las mañanas
leche de miel y de estrellas
que de la montaña brota
como el río Darro que llega
desde el pecho hasta la boca...
Y hasta aquí esta pequeña historia de este grupo de mujeres que tenían como fin el amamantar a los bebes de las mujeres granadinas.

